Belleza; sentimiento y conocimiento

Por Sonia Marquès Camps

Un fragmento del libro de Francisco Mora Teruel Cuando el cerebro juega con las ideas, que hemos elegido para entender cómo funciona el cerebro en torno a la percepción de la belleza y el papel importante que juega en ella la emoción.

“La belleza es genuina y personal creada por quien contempla la obra de arte. Es el propio observador el que crea con su cerebro su propio concepto de belleza.

Solo el cuerpo humano posee los procesos neuronales que, en su esencia, permiten crear las formas claves de la belleza, y que para Aristóteles eran el orden y la proporcionalidad, la simetría y la delimitación y definición clara de lo que se percibe.

Belleza captada por el fotógrafo Damià Coll.
Belleza captada por el fotógrafo Damià Coll.

El sentido de la belleza requiere de un cerebro tan complejo como el ser humano, capaz de generar conciencia y autoconciencia (ser consciente del mundo y tener conciencia del sí mismo).

La belleza es sentimiento y conocimiento, procesos ambos que arrancan de un diálogo funcional entre las redes neuronales sensoriales (sensación y percepción sensorial), el cerebro límbico (redes neuronales que codifican para la emoción) y las redes neuronales de asociación de la corteza cerebral (procesos mentales, ideas).

Sentimiento y conocimiento (belleza) que en su esencia es, de nuevo, individual, diferente en cada persona, dado que la percepción de la belleza emerge de los estímulos sensoriales (obra de arte) en conjunción con las memorias de experiencias previas particulares para cada individuo en el seno de la cultura en la que vive.

Así pues, el cerebro de quien contempla una obra de arte ya trabaja con ideas y abstractos que tienen un significado emocional personal.

Utilizando procesos cerebrales a través de la conciencia humana es como el hombre ha alcanzado los principios de la razón, el sentimiento, el lenguaje, el arte y la comunicación simbólica. Arte, de hecho, es conocimiento, cognición abstracta y simbólica. Este es uno de los principios básicos para la construcción cerebral de la belleza.

Pero también la belleza es placer, que es lo que lleva a ensimismarse a quien contempla una buena obra de arte. O como señalaba Herman Hesse, placer también de naturaleza pasajera, y por tanto, refuerzo positivo que lleva a repetir en el tiempo la visión de ese objeto ‘bello’.

Posiblemente es la emoción, esa energía que mueve en general el mundo humano, la que en los artistas inflama sus abstractos al punto de hacerles sentirse capaces de crear… A demostrar a los demás, a comunicar a los demás, que lo que ellos conciben en su mente, con sus ideas y emociones, es más hermoso que el mundo mismo que observan los demás. Y ese sería el origen de la obra de arte.

Siempre falta ‘algo’ en la obra de arte, y es el propio espectador quien se lo añade, lo que crearía en él una cierta reacción emocional capaz de hacerle ‘resonar’ con la obra misma. Y eso, de alguna manera, entraría en línea con la idea, ya expresada, de que la belleza es genuina, personal y creada en el cerebro de aquellos que aprecian esa obra de arte. En definitiva, una obra de arte sería siempre una obra inacabada y dejada al ‘remate’ de quien la contempla.

Y aun cuando la ciencia es colegiada y el arte individual, la neurociencia estudia el sustrato cerebral de ambos, y ambos, por tanto, debieran compartir el pensamiento crítico, analítico y creativo. Y ambos debieran arrinconar el pensamiento mágico, sin abandonar en los segundos (artistas) el hermoso sentido poético de la vida”.

En el libro Cuando el cerebro juega con las ideas (educación, libertad, miedo, dignidad, igualdad, nobleza, justicia, verdad, belleza, felicidad), Francisco Mora Teruel aboga por un nuevo modelo de pensar sobre estos temas universales, un “verdadero pensamiento crítico, analítico y creativo, es decir, el pensamiento que aporta la ciencia, esta vez, en abrazo con las humanidades”. Temas reflexionados con la perspectiva que ofrece, aún de forma muy modesta, la neurociencia cognitiva, tal y como precisa el autor. De todos estos temas, afirma Mora Teruel, empezamos a tener algunos conocimientos en relación con cómo funciona el cerebro.

Con razón no se puede explicar todo. El componente emocional también es intrínseco y parte esencial del propio proceso cognitivo. Estos temas del libro (educación, libertad, miedo, dignidad, igualdad, nobleza, justicia, verdad, belleza y felicidad), aquello que nos preocupa como seres humanos, aparecen aquí interrelacionados entre sí y pivotados en torno a la educación. Porque la educación es la gran preocupación del autor en este contexto de los valores laicos ancados en ese encuentro entre las humanidades  y la ciencia del cerebro.

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