Crear un chubasquero emocional

La situación que estamos viviendo requiere de cierta protección emocional. Compartimos los cinco tips que propone el psicólogo y psicoterapeuta. Víctor Amat

Por Víctor Amat

Si hay un error imperdonable es el de dar consejos idiotas a aquel que no los ha pedido. Aun así, se me ha ocurrido pensar en crear una imprescindible guía inútil para manejar el miedo cuando te sientes desbordado o desbordada por cualquier pandemia. En mi mente, hoy, están los profesionales de la salud, que se hallan al frente de la contención de una enfermedad que está mostrando un rostro despiadado. Si eres sanitaria, si eres sanitario, estás muy presente en mis pensamientos de estos días.

No tengo ni idea de cómo resolver una crisis de este tipo, por supuesto, pero se me da bien acompañar los miedos de la gente. A veces, los terrores con los que me manejo en el día a día de mi profesión son raros e infundados, y en otras ocasiones, como esta, son miedos basados en lo razonable. El miedo obsesivo, las dudas y las ideas catastróficas nos llevan a intentar hacer cosas para sostener el andamio de nuestra salud mental y emocional. Cosas que en muchas ocasiones resultan infructuosas. Los intentos fallidos de solución colaboran a perpetuar y empeorar si cabe el problema a condición de repetirlos esforzadamente a pesar de su inutilidad. Detectar cuando los esfuerzos realizados para calmar nuestro estado frente a los temores descritos podrían estar resultando infructuosos podría ser un camino hacia una economía del sufrimiento.

CREAR UN CHUBASQUERO EMOCIONAL EN 5 TIPS

1. No fuerces tu mente. El cerebro reacciona bien a la planificación del trabajo. Cuando los pensamientos negativos y catastróficos te abruman, lo mejor es convocarlos a una determinada hora del día durante 15 minutos. Plantea los peores escenarios en tu mente e intenta esforzarte en el agobio. El resto del día, invita a tus pensamientos a venir a la hora prefijada. Si estás mal, estás mal. Esforzarse en sentir otra cosa no suele ser un buen negocio.

2. No pretender estar siempre seguro. En la línea de lo anterior, cabe decir que buscar certezas cuando no las hay puede llevarnos a la desesperación, confinar la búsqueda de información a dos veces al día o a horas prefijadas puede ser buena cosa. Estar conectadas o conectados a un binge de información no es la mejor manera de permitir que nuestro sistema neurológico pueda tamizar la información.

3. Apagar la comunicación informal. Estar hablando de las dificultades todo el tiempo es un excelente alimentador del estrés. Desconectar la alimentación pasa por cancelar las conversaciones en chats o audiollamadas en las que tus miedos son el tema central para dedicar las conversaciones a temas de otro calado, lúdicos, familiares o de películas de televisión. Una estrategia ganadora es circunscribir la información sobre nuestros miedos a reuniones concretas para ello, con la obligación de intentar aportar soluciones. Fuera de esos tiempo marcados deberíamos estar “castigados” a hablar de cosas diferentes.

4. Distraer el mal rollo. Permanecer sano pasará, seguramente, por mantener una cierta rutina saludable. Sentir el malestar es soportable si uno sabe que se enfrenta a una situación de manera realista. No puedes distraer tu malestar, el malestar es resultado de la coyuntura, se trata de hacer lo que se pueda acompañado del malestar. Pretender luchar con el mal rollo se suma al cansancio del propio mal rollo.

5. Manejar “monguers”. El monguer existe desde que el mundo es mundo. No pretendas que a la gente se le ocurra todo aquello que piensas tú y es tan brillante. Al “monguer” no le sale hacer aquello que tú esperas. La mejor estrategia en este caso es pedir directamente aquello que estás necesitando. De manera educada, pero con cierta determinación. “Quiero esto” o “Necesitamos aquello” es mucho mejor que esperar que al otro se le ocurra acertar.

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La viñeta de RaquelGu

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