Ayuda psicológica para profesionales y víctimas de Covid-19

Entrevista a Juan de Dios Serrano, psicólogo clínico especializado en el ámbito sanitario.

Por Sonia Marquès Camps

Su experiencia como psicólogo sanitario en las unidades hospitalarias de oncología y cuidados paliativos constituye parte del bagaje que condensa en el libro Compasión por la pérdida; acompañamiento terapéutico e intervención en procesos de enfermedad, muerte y duelo.
Estos días realiza un trabajo voluntario dando apoyo psicológico tanto a profesionales de la salud que se encuentran en primera línea asistiendo a los enfermos de Covid-19 como a familiares de las víctimas, acompañándolos en su duelo. En este proceso, muchas personas ni siquiera han podido despedirse de sus seres queridos.

¿Qué apoyo psicológico necesitan estos profesionales de la salud?
Ahora mismo están en tensión plena; no tienen medios suficientes, no llegan, están saturados, ven cómo muchos de sus compañeros están cayendo, por sospecha de contagio, etc. Reconforta, de alguna manera, el apoyo de la sociedad civil con los aplausos cada noche. Pero ahora todo este personal sanitario está desbordado y en una situación de estrés. Después, puede derivar en una situación de estrés postraumático, que incluso puede ser grave para algunos de ellos. Cuando pase esto es cuando van a necesitar de cuidados, del soporte emocional y psicológico en manos de profesionales, para intentar amortiguar todo este estrés que ahora están viviendo. En estos momentos es importante darles este aliento, y estar muy alerta para cuando baje el nivel de saturación en el que están, para reducir los efectos. Muchos de ellos van a experimentar una serie de síntomas tanto emocionales como fisiológicos y les va a abordar una sensación de soledad de todo lo que han vivido.

¿De qué manera los acompaña ahora?

Son personas ahora mismo desbordadas pero con la adrenalina en estos momentos a flor de piel. La tensión les mantiene en estado de alerta continuo. Intento ofrecerles este apoyo escuchando las experiencias que han tenido y lo que han sentido, por ejemplo, al acompañar a una persona a morir en esta situación y supliendo el papel de un familiar. Hablarlo, comentarlo y expresarlo es muy importante. Ofrezco este tipo de soporte psicológico por teléfono, videoconferencia, whatsapp o por redes sociales. Es increíble lo que pueden ayudar en estos momentos las nuevas tecnologías. Hay hospitales que han comprado tabletas para que los pacientes puedan despedirse de sus familiares. El contacto con los seres queridos de estos pacientes, además, influye en su estado anímico y en la recuperación.

¿Y cómo es el apoyo que ofreces a los familiares de las víctimas?
Recurro a las técnicas clásicas de terapia de duelo, como escucharlos, dejar que hablen. No es bueno que los sentimientos se queden encapsulados. Hay personas que dejaron a su familiar en la puerta del hospital y no lo han visto más, ni siquiera una vez había fallecido. Es muy importante en este caso la ayuda en el proceso de duelo, porque suele haber una sensación de no creérselo. Y sale la rabia, la ira, la necesidad de buscar culpables. Estas emociones tienen que expresarse. Muchas veces es la culpabilidad, el “y si hubiera hecho esto…”. Hay un chaval joven que ha perdido a su padre y él fue quien lo contagió. Imaginen el duelo que está teniendo, de una culpabilidad brutal. Lo dejó en el hospital y no lo ha vuelto a ver, y ni siquiera ha podido enterrarlo.

Y está también el sufrimiento humano detrás de estas muertes.
Hay que entender que, normalmente, cuando ocurre la muerte, no hay sufrimiento. El dolor físico está cuidado sanitariamente en la UCI, pero nadie quita el miedo o el pánico durante las horas en las salas del hospital. Nuestro sistema psicológico, generalmente, por un proceso natural, integra la información con alguna esperanza. Nosotros, los profesionales, tenemos que recurrir en este acompañamiento psicológico a esta esperanza, y que puedan hablar con los familiares, con la ayuda de la tecnología, es muy importante. El dolor en estas personas está más situado en no poder ver a la familia, en no poder despedirse y en cosas a veces simples pero importantes también como no haber podido ni hacer el testamento.

En su obra Compasión por la pérdida habla de las distintas maneras de afrontar la muerte que tenemos los seres humanos. Todo lo vivido dará, sin duda, para otro libro de psicología.
Todo lo que estamos viviendo ahora es una situación extraordinaria. Creo que significará un cambio de sistema, porque es como una especie de aviso de que había algo que estábamos haciendo mal. Y si no es así, no habrá servido de nada, ni el confinamiento ni las personas que nos han dejado. Ojalá tengamos memoria, porque la memoria es lo que nos salva de caer en un mundo sin desamor o sin compasión.

“La memoria social de lo que está ocurriendo debería llevarnos a otras maneras de vivir más compatibles con el ser humano”

¿Cómo nos vamos a recuperar como sociedad de todo esto?
Se tratará de recuperar lo duro y lo trágico y de salir risilientes. Todos los que estamos en el medio sanitario y también los medios de comunicación deben proteger esta memoria, que nos sirve para darnos cuenta de que realmente somos muy vulnerables. La memoria a nivel emocional, psicológico y social nos debería llevar a nueva maneras de vivir mucho más compatibles con el ser humano.

¿Cómo te curas tú de esta experiencia con los que sufren?
Siempre he acompañado a enfermos desde cuidados paliativos. Acompañar la muerte me da sentido y me ayuda en muchos aspectos de la vida. El malestar, la ira y la rabia, suelen venir más por cuestiones políticas o de gestión que por cuestiones existenciales. Lo vivido desde lo profundamente vocacional y solidario no nos enferma tanto como las ideologías.

 De su libro hemos seleccionado estas frases:

“Lo auténticamente valiente es atreverse a seguir luchando para un mundo mejor, más humano, más compasivo, y construir desde el espacio limitado de cada uno en donde las acciones tienen repercusiones, aunque sea a pequeña escala… Y huir de la mediocridad”.

“En las sociedades contemporáneas, posmodernas, avanzadas, llenas de lujos, objetos materiales y tecnología, solo logramos resolver el sufrimiento con la humanidad de un abrazo, una lágrima o una sonrisa: la compasión por la pérdida”.

Con toda la compasión por estas pérdidas, cuyo sufrimiento no ha podido ser compensado con gestos tan humanos y tan necesarios.

Gracias, Juan.

 

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